Tribuna
(octubre 2025)

Josu López Fernández
Consultor de FI Group y coordinador de la sección Jóvenes Biotecnólogos de SEBiot
Jóvenes biotecnólogos ante el reto del talento
Recientemente pudimos leer en algunos medios una noticia que sacudió a muchas personas del ámbito académico, estudiantil y profesional de nuestro sector, la biotecnología. Los titulares venían a afirmar que las grandes empresas biotecnológicas españolas no lograban captar el talento que necesitaban por la falta de perfiles adecuados. Ante semejante diagnóstico, las redes sociales —especialmente las orientadas a la búsqueda de empleo— se llenaron de reacciones. Numerosas personas formadas en biotecnología, algunas conocidas personales, se sintieron señaladas al ver tantas vacantes abiertas mientras ellas seguían sin encontrar su espacio para desarrollar una carrera.
En este contexto, tuve la oportunidad, de la mano de la Sociedad Española de Biotecnología (SEBiot) y de su sección de Jóvenes Biotecnólogos y Biotecnólogas, que coordino desde hace algunos meses, de moderar una mesa redonda en el XIX Congreso de la SEBiot en Barcelona. En ella reunimos a figuras con amplia trayectoria dentro y fuera de nuestras fronteras, junto a estudiantes y personas recién graduadas. Una combinación perfecta para abordar un tema tan candente: los principales retos que enfrentan quienes eligen la biotecnología por vocación y buscan abrirse camino en ella.
¿Existe realmente una desconexión entre la universidad y la industria?
Tras vivir personalmente puertas cerradas, entrevistas fallidas y debates como el de aquella mesa redonda, mi conclusión es clara: el problema no está tanto en lo que aprendemos en la universidad, sino en cómo sabemos transmitirlo a la industria.
No tengo dudas de que la formación científica que ofrecen nuestras universidades es excelente y prepara a sus egresadas y egresados para afrontar los grandes retos del sector. Sin embargo, esa capacidad no siempre se traduce bien al lenguaje de la industria. Estamos ante una situación en la que ambos interlocutores —empresas y personas candidatas— no hablan el mismo idioma. Las primeras valoran sobre todo la experiencia práctica y la capacidad operativa, mientras las segundas destacan su bagaje académico y científico, generando incomprensión entre ambas.
Ante esta situación, creo firmemente que debemos buscar el camino para superar este muro y entender que no son mundos incompatibles: simplemente necesitan encontrarse y traducirse mutuamente, porque uno contiene al otro de forma indudable.
¿Exige la industria una experiencia inalcanzable?
Las egresadas y egresados de nuestras universidades cuentan con un nivel de formación muy alto. España, de hecho, supera la media de la OCDE en población de 25 a 34 años con estudios de máster o equivalentes (18% frente al 16%). Tenemos, por tanto, conocimiento y herramientas de sobra. El problema vuelve a aparecer en el ya clásico “buscamos a alguien con más experiencia”. Sin señalar culpables —porque en realidad todos perdemos cuando dicha frase llega a nuestros oídos—, me gustaría hacer un llamamiento a reconocer y poner en valor la experiencia real que se obtiene durante la formación académica. Las universidades no solo enseñan teoría. Las prácticas en laboratorio, los trabajos de fin de grado o máster, e incluso los años de doctorado, aportan una auténtica experiencia profesional que engloban y otorgan capacidades de gestión de proyectos, trabajo en equipo, cumplimiento de plazos, resolución de problemas… Son precisamente esas competencias transversales que la industria echa en falta, y que nosotros quizás no hemos sabido comunicar con la fuerza suficiente, las que también nos aportan las universidades, además de los clásicos resultados tangibles, como el número de publicaciones o las notas obtenidas en ciertas asignaturas.
¿Hay oportunidades reales para los jóvenes biotecnólogos?
Al analizar los dos puntos anteriores —la brecha academia-industria y la exigencia de experiencia— surge una tercera cuestión clave: ¿existen oportunidades que realmente atraigan a los jóvenes hacia la industria biotecnológica?
En la mesa redonda, quedó patente que el sector en España atraviesa una etapa de consolidación y crecimiento, aunque todavía desigual en el plano geográfico —con Cataluña y Madrid como principales hub biotecnológicos. Además, muchas empresas nacionales dependen aún de matrices extranjeras, lo que limita la toma de decisiones estratégicas en I+D+i dentro de nuestras fronteras.
Aun así, confío en que estamos ante un punto de inflexión. Los jóvenes biotecnólogos no se han rendido: quieren participar activamente en los grandes proyectos de las multinacionales —pues la industria se perfiló como el destino más deseado por la mayoría de estudiantes, por las condiciones económicas y las perspectivas de crecimiento laboral— y, cada vez más, apuestan por el emprendimiento como una vía para impulsar la I+D+i desde aquí, desde sus propios territorios.
En definitiva, mi opinión en este texto versa en torno al mismo punto: en términos generales, no hay una falta de talento, experiencia o perfiles, si no de puesta en valor de la existencia del mismo, del entendimiento entre aquellos que buscan talento y aquellos que ofrecen sus capacidades técnicas y transversales para responder a los retos industriales. Para todos ellos, ojalá este texto les (nos) haga reflexionar durante un par de minutos, criticar estas palabras, discutirlas e incluso interpelarlas. Sea lo que fuere, espero que esta perspectiva individual sirva para generar debate y resaltar que, desde la sección de Jóvenes Biotecnólogos de la SEBiot estamos escuchando, y buscando las herramientas para conectar y acompañar a quienes son, sin duda, el presente y el futuro de la biotecnología en España, las y los jóvenes de nuestro sector.