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Tribuna

(julio 2026)

Carlos Barreiro
Profesor Titular, Dpto. Biología Molecular, Facultad de Veterinaria, Universidad de León

Biotecnología leonesa: la historia de un presente con mucho futuro

La biotecnología se define como el uso de organismos, entre los cuales incluimos a los microorganismos, o sus partes, entendiendo como tales tejidos, células, genes, proteínas u otras biomoléculas o metabolitos, primarios o secundarios, para obtener o modificar un producto, organismo, célula o proceso con un fin específico. Esto, en última instancia, implica un evento productivo, y, por lo tanto, de aplicación empresarial. Dicho proceso se inicia con una idea, transcurre a lo largo de los diferentes pasos de ensayo y error; puesta a punto de condiciones de producción y análisis; validación; estudios de mercado y competidores; producción a pequeña escala; ensayos preclínicos y clínicos, en caso de tratarse de productos de industria farmacéutica (o alimentaria); escalado; envasado; y puesta en mercado. Y todos esos pasos, multiplicados por un número muy importante de empresas y empleos, se dan en León.

Basándonos en los datos que proporciona el Ayuntamiento de León a través del Observatorio Ocupacional de ILDEFE, podemos hacernos una idea fidedigna del impacto, en cuanto al número de empleos, que la biotecnología tiene en León. Así, el análisis de los cotizantes existentes en León y su alfoz durante el primer trimestre de 2026 (último dato disponible hasta el momento) indica que la primera actividad industrial es la fabricación de productos farmacéuticos, que, junto a la industria química, suman 2.946 empleos directos. Este valor se ha visto incrementado en casi 1.000 empleos en los últimos cuatro años. Asimismo, el área metropolitana de la ciudad de León presentó, en el primer trimestre de 2026, 94.025 cotizantes dados de alta en la Seguridad Social. Con una cuenta rápida, y, posiblemente poco consistente estadísticamente, tenemos que uno de cada 32 cotizantes lo hacen el sector químico-farma, que en León se basa fundamentalmente en la biotecnología. Así, en los últimos cuatro años, y teniendo en cuenta la subida de los cotizantes (desde 86.710 en el primer trimestre de 2022 hasta 94.025 en el primer trimestre de 2026), la proporción de empleos dedicados a la biotecnología ha pasado de uno por cada 44 cotizantes a uno por cada 33, lo que no deja de ser sorprendente, y hace que se pueda afirmar que estamos ante el tercer polo biotecnológico nacional [1, 2, 3] (Figura 1).


Figura 1: Impacto de la biotecnología en León durante el periodo 2022-2026, desglosado por trimestres. Las barras verdes indican el número de empleos directos dedicados a la biotecnología en León y su alfoz, mientras que la línea fucsia muestra la relación entre los cotizantes totales y los específicos de biotecnología. Nótese que, aunque el número de cotizantes se ha ido incrementando en el periodo analizado, la subida de los empleos especializados en biotecnología ha sido mayor, por lo que la relación es inversamente proporcional, denotando el impacto en el empleo local. Elaboración propia en base a los datos disponibles en el Observatorio Ocupacional de ILDEFE (Ayuntamiento de León).

 


Si intentamos poner este dato en el contexto nacional, el último informe de Asebio (Asociación Española de Bioempresas) del año 2025 [4] nos pude facilitar la labor. En dicho informe se indica que cada empleo directo de la biotecnología nacional genera en torno a tres empleos indirectos e inducidos. Así los 40.114 empleos directos existentes en 2024 serían responsables de algo más de 158.000 empleos en total, lo que supone el 0,78% del empleo total nacional. El Observatorio de las Ocupaciones del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) [5] para el mismo año 2024 indicó que el número de población ocupada fue de

21.857.900 personas. Si repetimos los cálculos locales a escala nacional, la relación de empleos directos frente a población ocupada nos indica que uno de cada 545 empleos directos, o uno de cada 138, atendiendo a los empleos derivados, trabajaría en biotecnología a nivel nacional. Basándonos en estos datos se podría hablar de León como un floreciente “oasis biotecnológico”.

Este reseñable enclave ocupacional no es algo que surja por “generación espontánea”, sino que necesita, al menos, tres factores que se deben alinear en tiempo, forma e intensidad. Estos son: i) un germen que lo haga despertar, ii) un ecosistema que lo mantenga y permita evolucionar, y, como todo en esta vida, iii) un punto de suerte para librar los escollos que en el camino vayan surgiendo. Vamos a desgranar estos tres aspectos que nos van a permitir comprender la trayectoria que la Biotecnología Leonesa ha tenido para llegar al momento actual.

El gérmen

No se puede hablar de un único evento germinal, sino de varios en forma de empresas relacionadas con la sanidad humana y animal que, hace más de 85 años, sirvieron de inóculo. Así, podemos situar a los laboratorios Abelló, SYVA, Ovejero, y por supuesto a Antibióticos S. A. como los “padres fundadores”.

En 2016, Laboratorios Syva (Sueros y Vacunas para ganadería) celebraba sus primeros 75 años dedicados a la investigación, producción y comercialización de medicamentos veterinarios para la prevención y tratamiento de enfermedades en animales. Syva fue creada en 1941, como una empresa familiar, en el seno de IAPSA (Industrias y Almacenes Pablos), la cual tenía una larga trayectoria en el comercio de productos cárnicos desde 1898. Actualmente llega a más de 70 países, que abarcan desde México a Filipinas, gracias a sus más de 280 empleos, con productos para animales de granja (cerdos, vacas, ovejas, cabras, caballos), aves de corral, peces (trucha), animales de compañía (perros, gatos) y fauna salvaje (ciervos). La empresa se encuentra en una fase de ampliación de sus instalaciones para poder atender la creciente demanda de producción de medicamentos y fórmulas veterinarias [6].

La historia de Laboratorios Abelló comenzó con la habilitación de un espacio en la calle Astorga para la ubicación de la Papelera Leonesa, el cual terminó siendo adquirido en 1933 por UQUESA (Unión Química Española, S.A.) para fabricar diferentes productos químicos, y que en 1941 pasó a formar parte de Laboratorios Abelló, ampliando el número de productos químicos generados e incorporando la síntesis de derivados esteroideos. En este laboratorio dio Mario Conde sus primeros pasos en el mundo de las empresas farmacéuticas, que, a posteriori, le serviría para convertirse en consejero en la farmacéutica leonesa, Antibióticos S.A. Laboratorios Abelló fue vendido en los años 80 a la multinacional americana Merck Sharp & Dohme por 2.700 millones de pesetas [7], para cerrar definitivamente sus puertas en 1987, trasladándose su producción a Toledo. Su edifico fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1991 como reconocimiento a todo su pasado industrial y científico [8].

Otra empresa de origen familiar y en estrecha conexión con la salud animal ha sido Laboratorios Ovejero, cuya iniciativa surge de su primer director, el Prof. Santos Ovejero del Agua, quien junto a su hermano Faustino y otros veterinarios, firmaron en 1948 la escritura fundacional como una “industria autorizada y registrada para la fabricación de medicamentos veterinarios, sueros y vacunas con destino a la ganadería[9]. En 2018, celebró su 70 cumpleaños de dedicación al desarrollo de vacunas y tratamientos de inmunoterapia animal [10]. Sin embargo, tras diferentes vicisitudes económicas, el grupo gallego Zendal firmó en junio de 2021 la adquisición de Laboratorios Ovejero [11].

Ese caldo de cultivo de los años 40 del pasado siglo XX fue, sin duda, crucial para la llegada de una gran industria biotecnológica a Léon, como fue la Industria Española de Antibióticos S. A., la cual, junto a la Compañía Española de Penicilina y Antibióticos (CEPA, Aranjuez), obtuvo su licencia en julio de 1949 para la fabricación de antibióticos (penicilinas y otros). En ese mismo año se presentó el proyecto de la fábrica de León, y en 1952 concluyó la primera fase, para realizarse las fermentaciones iniciales de penicilina G en 1953, 10 años después de las primeras realizadas en Estados Unidos en formato industrial y que supusieron un hito en la historia de la biotecnología y de la Segunda Guerra Mundial por el número de vidas que salvó [12].

Antibióticos S. A. ha sido la gran empresa biotecnológica de León que ha actuado como tractor dentro del sector, generando el ambiente propicio para i) el desarrollo y establecimiento de otras empresas biotecnológicas, ii) la aparición grupos de investigación en la Universidad de León dedicados a los antibióticos β-lactámicos, y iii) la multiplicación de los empleos especializados en Biotecnología. Ciertamente, la trayectoria de la empresa ha tenido dos claras fases, una de florecimiento en capacidades, empleos y producción hasta finales de los años 80 y principios de los 90, cuando China entró con fuerza en la producción de antibióticos y la empresa fue vendida a la italiana Montedison por 58.000 millones de pesetas, lo que inició una época convulsa para Antibióticos. Posteriormente, la intervención del fondo de inversión Black Toro Capital en 2014 [13] intentó relanzar la empresa bajo el nombre comercial ADL BioPharma, abriendo el porfolio de productos, al actuar como CMO (Contract Manufacturing Organization), también a moléculas de grado no Farma. Un nuevo fondo, Kartesia, tomó el control de la empresa en 2020 [14] para posteriormente integrase dentro de la multinacional química alemana Waker, pasando a denominarse Wacker León S.L.U. [15, 16].

El ecosistema

LA RAE nos dice, en una de las dos definiciones que da para el término “ecosistema” [17], que éste se trata de un “conjunto complejo de elementos relacionados que pertenecen a un determinado ámbito”. Así, las empresas mencionadas en el apartado anterior, al iniciar su asentamiento en León hace más de 85 años, propiciaron el ecosistema que actualmente hace de León el Tercer Polo Biotecnológico de España.

Si bien las fronteras cada vez son menos relevantes en el campo de la investigación, la proximidad entre los intervinientes en biotecnología da lugar a esos “elementos relacionados“ que menciona la RAE y que permiten tener la masa crítica necesaria para garantizar el funcionamiento del sistema en ese “determinado ámbito”. Así, podemos basar el equilibrio del ecosistema en diferentes actores tanto académicos, como investigadores o empresariales. En el caso de los académicos, la Universidad de León presenta un fuerte componente biosanitario focalizado a través de las facultades de Biología (grado de Biología, quinto mejor de España en 2023 [18] o Biotecnología, cuarto mejor de España en 2025 [19]) y Veterinaria (grado de Veterinaria), así como de los Institutos de investigación acreditados como IBIOMED o el Hospital Veterinario, y las spin-offs o EBTs (Empresas de Base Tecnológica) que en ella se han generado (Tabla 1). Esto conjuga la sanidad humana y animal con el medio ambiente, lo que se engloba perfectamente dentro de un concepto tan de moda como One Health.

En su momento el Centro Tecnológico INBIOTEC (Instituto de Biotecnología de León), ahora englobado en CESEFOR como Área de Biotecnología, supuso ese medio camino entre la serenidad de la academia y la celeridad de la empresa en su objeto de negocio, su manera de actuar y de formar personal especializado [20, 21]. Algo que también suma a la hora de conjuntar un ecosistema empresarial que exige profesionales formados en habilidades prácticas que están más allá de lo que la academia puede ofertar.

TABLA 1
La Tabla 1, que encontrarás en este enlace, contiene las notas de la [22] a la [30].

 

La tercera pata del ecosistema biotecnológico la ponen las empresas, que en León abarcan toda la cadena de desarrollo necesaria para poner un producto en el mercado, desde la investigación inicial, pasando por la validación, producción a gran escala o el envasado final.

Así, existen empresas que i) llevan a cabo los desarrollos iniciales de investigación, ya sean con fines propios o actuando como CRO (Contract Research Organization); ii) otras que escalan la producción debido a las increíbles capacidades fermentativas que se reúnen en la ciudad (p. ej.: hasta 220 m3 por fermentador en el caso de Waker) actuando en muchos casos como CDMO (Contract Development and Manufacturing Organization) o CMO (Contract Manufacturing Organization); iii) otras que se encargan de la dispensación de los productos en condiciones estériles en diferentes formatos (comprimidos, cápsulas, granulados, inhaladores, jeringas precargadas, viales single dose, viales multiple dose, suspensiones); y iv) aquellas que gestionan todo lo necesario para que los nuevos productos pasen las diferentes fases pre-clínicas o clínicas y lleguen a su puesta en mercado con todo lo que de gestión documental supone. Este marco empresarial va desde las grandes empresas con cientos de empleados a las PYMEs o las EBT surgidas desde la propia Universidad (Tabla 1).

En este contexto, no debemos olvidar a las empresas del sector de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación), como colaboradoras en los desarrollos biotecnológicos, que son pujantes en León estando algunas de ellas también instaladas en el propio Parque Tecnológico de León como HP SCDS, Leasba, Proconsi o Technosylva; o en el entorno de la ciudad, como el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), o de la propia Universidad, como SCAYLE.

La suerte

La tan manida expresión de “la suerte hay que buscarla” tiene su aplicación en la biotecnología leonesa. Antibióticos S.A se instala en León por una combinación de factores geográficos (espacio, temperatura ambiente y agua), económicos (abundante mano de obra procedente de un entorno agro-ganadero), logísticos (ferrocarril) y políticos. Pero Séneca decía que «no hay viento favorable para el que no sabe adónde va” y la puesta en marcha de esta gran empresa sumada a las otras citadas en el primer apartado, fue el viento aprovechado para los que sabían dónde ir, biotecnológicamente hablando y buscaron esa suerte.

La creación de la Universidad de León, como ente independiente de la matriz asturiana de Oviedo en 1979 [31], potenció las carreras más implicadas en los desarrollos biotecnológicos como son Biología, de la que la primera promoción salió en 1972 [32], o Veterinaria, creada Escuela Subalterna de Veterinaria en 1852 [33]. Esto permitió el desarrollo de la carrera investigadora del denominado “padre de la Parasitología veterinaria española”, el profesor Miguel Cordero del Campillo, quien llegó a ser rector de la Universidad de León (1984-1986) [34]; así como la llegada de investigadores que vieron el filón en la investigación sobre antibióticos β-lactámicos. Este es el caso de los grupos nucleados por los profesores Juan F. Martín en Microbiología y José María Luengo en Bioquímica, que serían el origen, junto con otros profesores universitarios, del Centro Tecnológico INBIOTEC y de la empresa Bioges Starters, respectivamente. El entorno universitario leonés también ha sabido utilizar ese viento favorable con la llegada de financiación desde Europa a través de los diferentes programas marco, que, en más ocasiones de las deseables, han supuesto el único mantenimiento de la investigación de muchos grupos a nivel nacional. Proyectos como BioBIVE, coordinado desde la Universidad, son un ejemplo de captación de fondos en una colaboración internacional utilizando la biotecnología y la ciencia de materiales como vías para solucionar problemas en agricultura, ámbito hacia el que cada vez apunta más la biotecnología (Figura 2).


Figura 2: Ejemplo de bioensayo en el que diferentes microrganismos son testados para validar y cuantificar su capacidad de producir compuestos que inhiban o retrasen el crecimiento de otros microorganismos, en este caso de hongos patógenos de plantas (proyecto BioBIVE [35]). La selección y producción de metabolitos secundarios, principalmente antibióticos, ha sido uno de los pilares históricos de la biotecnología en León.


Un punto de suerte también fue la creación del Parque Tecnológico de León. Un lugar con buena intención y poca previsión, al estar condenado a no poder crecer, de manera sencilla, por encontrarse atrapado entre un talud, una carretera y una vía de ferrocarril. De hecho, las obras de su ampliación están en marcha, ya que todas las parcelas disponibles han sido adquiridas para el incremento de las capacidades productivas de las diferentes empresas allí ubicadas [36, 37]. Esto demuestra lo acertado de su creación, y el éxito de éste, que, obviamente, ha sobrepasado las previsiones iniciales.

Sobre la suerte, Shakespeare indicaba que “el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos» y a veces no se han jugado bien. Así sucedió cuando León se postuló para acoger BioSpain [38], el principal evento de biotecnología en España y uno de los más destacados de Europa, organizado por la Asociación Española de Bioempresas (AseBio), pero que no obtuvo los apoyos y compromisos necesarios, principalmente políticos, a los que hablar de biotecnología o investigación, tradicionalmente, les suele resultar tarea difícil en León. Por otra parte, el cambio de propietarios de las empresas es algo normal en el mundo empresarial, pero siempre suele dejar víctimas por el camino, lo que es otra forma de “jugar las cartas”. El claro ejemplo ha sido Antibióticos S. A. en una combinación de cambios de manos e inyecciones de fondos públicos [39] con el fin de mantener la empresa, pero con escasa efectividad en muchas ocasiones.

En definitiva, diferentes factores han hecho que León se posicione como el tercer polo biotecnológico de España por el número de empleos, la especialización de estos, la variedad de las empresas existentes, y la evolución y proyección de las mismas. Con diferentes altibajos, la biotecnología en León continua con una trayectoria ascendente desde hace varios años, lo cual no es algo casual, sino que es la suma de todos los factores anteriormente descritos (y otros que se quedan en el tintero), más el cariño con el que la sociedad leonesa ha acogido tradicionalmente el trabajo de biólogos, bioquímicos, biotecnólogos, ingenieros, químicos, o veterinarios en el desarrollo de una biotecnología local con proyección internacional. ♦


Agradecimientos:

  • A los integrantes de la UIC230 (Unidad de Investigación Consolidada) de Castilla y León: Dr. Olivera. Dra. Ibañez y Dr. Barredo, así como al personal en formación del grupo.
  • Al proyecto BioBIVE (BIOdegradable delivery systems for plant pathogens control of horticultural crops through BIoactiVE agents) (Proyecto nº: 101130442) financiado por la Unión Europea a través del Programa Marco Horizon Europe (convocatoria: HORIZON-CL4-2023-RESILIENCE-01-34).