Tribuna
(Boletín SEBiot • Octubre 2026)

Juan Manuel Lema Rodicio, Profesor Emérito de la Universidad de Santiago de Compostela (USC)

Francisco Valero, Catedrático de Ingeniería Química, Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)

Francesc Gòdia, Catedrático de Ingeniería Química, Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)
Carles Solà, pionero de la Biotecnología en España

Carles Solà (1945-2026)
El pasado 12 de septiembre nos dejó Carles Solà, uno de los grandes impulsores de la Biotecnología en España. Desde la tristeza por su ausencia y el reconocimiento a su extraordinaria trayectoria, queremos recordar también, con afecto y gratitud, tantos momentos compartidos con él, tantas iniciativas emprendidas y tantas enseñanzas que han dejado una profunda huella en muchos de nosotros.
Carles inició su trayectoria académica en la década de los setenta y desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la Ingeniería Química en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Eran tiempos de recursos limitados, de escasa proyección internacional y de una actividad investigadora universitaria todavía incipiente. En aquellas circunstancias, Carles destacaba ya por su pasión por el conocimiento, su dedicación a la formación de los jóvenes y su extraordinaria capacidad para anticipar el futuro.
Carles fue, ante todo, un universitario en el sentido más pleno de la palabra, maestro de numerosas generaciones de estudiantes y una persona convencida de la capacidad de la universidad para transformar la sociedad. Esa capacidad de anticipación se manifestó de manera especialmente clara cuando decidió reorientar radicalmente su propia trayectoria investigadora hacia un campo científico entonces emergente, la Biotecnología. Fue una apuesta personal importante, que suponía adentrarse en un territorio todavía poco explorado, pero en el que intuía un enorme potencial científico y tecnológico. Supo comprender muy pronto que los ingenieros debían desempeñar un papel fundamental en su desarrollo y defendió la necesidad de integrar los conocimientos propios de la ingeniería con los relacionados con la naturaleza biológica de los nuevos catalizadores con los que trabajaban, células y enzimas. Aquella decisión reflejaba dos rasgos que le acompañarían durante toda su vida: su capacidad para identificar nuevas oportunidades y su determinación para llevar adelante aquello en lo que creía.
Una de las características más destacadas de Carles era su convencimiento de que los grandes proyectos se construyen mediante el esfuerzo compartido. Tenía una extraordinaria capacidad para crear equipos, reunir voluntades e ilusionar a quienes trabajaban con él. Su espíritu de colaboración trascendió ampliamente el entorno de la UAB. Basta recordar su iniciativa de organizar la Red de Desarrollo de Procesos Biotecnológicos, el Curso Internacional de Biorreactores, sus numerosas colaboraciones nacionales e internacionales y su participación en SEBiot y en iniciativas de cooperación biotecnológica europea vinculadas a la European Federation of Biotechnology (EFB). Entendía también que el progreso de la Biotecnología requería una estrecha relación entre la universidad y la empresa, una convicción que supo trasladar a muchos de sus proyectos y actividades.

Escultura de Andreu Alfaro en el campus de la UAB.
Esa misma capacidad para impulsar iniciativas y transformar su entorno le llevó a asumir importantes responsabilidades institucionales, primero como rector de la UAB y posteriormente como Conseller de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información de la Generalitat de Catalunya. Durante su rectorado, la UAB fue pionera en España en la implantación de estudios universitarios de Biotecnología. Convencido de la necesidad de ofrecer una formación específica en este campo, Carles impulsó su puesta en marcha inicialmente como título propio de Graduado Superior en Biotecnología, cuando todavía no existía una licenciatura oficial. Fue una decisión valiente, que suponía asumir un riesgo institucional importante y ponía de manifiesto, una vez más, su capacidad para adelantarse a su tiempo. Aquellos estudios acabarían obteniendo reconocimiento oficial y abrirían el camino a una titulación hoy plenamente consolidada en numerosas universidades españolas. Por iniciativa suya, se erigieron las cuatro columnas de Andreu Alfaro, inspiradas en las cuatro barras catalanas y convertidas en un emblema de la UAB. Sus formas helicoidales evocan asimismo la estructura del ADN, una asociación especialmente sugerente al recordar la firme apuesta de Carles por la Biotecnología.
Desde la Conselleria también contribuyó decisivamente a reforzar la proyección internacional de la Biotecnología, impulsando el acuerdo que permitió trasladar en 2005 la sede central de la Federación Europea de Biotecnología a Barcelona, donde se encuentra establecida. Fue otra muestra de su convicción sobre la importancia estratégica de esta disciplina y de su capacidad para convertir las ideas en realidades.
Después de una trayectoria tan intensa, Carles volvió a lo que siempre había sido el núcleo de su vocación: enseñar y compartir conocimientos con los jóvenes. Y resulta especialmente significativo que lo hiciera como profesor del Grado en Biotecnología, precisamente de unos estudios a cuya creación tanto había contribuido. Impartía la asignatura de síntesis de Proyectos de Plantas Biotecnológicas, en la que los estudiantes debían integrar conocimientos de distintas disciplinas para abordar problemas complejos, una forma de entender la Biotecnología que él había defendido desde sus comienzos. Y seguía haciéndolo con el entusiasmo y la pasión que habían caracterizado toda su vida académica y que tan fácilmente transmitía a quienes le rodeaban.
Carles nos deja una obra importante, numerosas iniciativas que siguen dando frutos y, sobre todo, el recuerdo de una persona generosa, entusiasta y comprometida con la universidad, la ciencia y las personas. Su camino ha llegado a su fin, pero ha dejado una huella profunda y muchos de nosotros seguimos recorriendo los caminos que él ayudó a abrir.
Hasta siempre, querido Carles.